El subsuelo del oriente venezolano entra en una nueva etapa de explotación internacional. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, selló un paquete de cinco acuerdos estratégicos con la multinacional Shell que no solo desbloquean la Fase I del megayacimiento de gas Campo Loran, sino que activan un plan técnico y financiero para elevar la producción de combustibles y petróleo de exportación.
El epicentro del acuerdo es el Campo Loran, una estructura de gas natural no asociado que cuenta con siete yacimientos. La particularidad que lo sitúa en el radar global es que seis de esos yacimientos son transfronterizos, compartidos geográficamente con la República de Trinidad y Tobago. Con la luz verde a esta primera fase, Caracas busca posicionar sus reservas como una solución clave ante la inestabilidad del mercado energético internacional.

Inyección a Monagas y el secreto del Merey 16
Más allá del gas marino, cuatro de los instrumentos jurídicos firmados impactarán de forma inmediata en tierra firme, específicamente en el norte del estado Monagas, mediante órdenes de compra y servicios especializados.
Estas acciones apuntan a resolver un cuello de botella crítico para la industria local:
- Fórmula Merey 16: El financiamiento de Shell elevará la producción de crudo liviano en Monagas. Este hidrocarburo es vital como diluyente para mezclarlo con el petróleo extrapesado de la Faja del Orinoco y poder formular el Blend Merey 16, la variedad más cotizada por los compradores internacionales.
- Combustible para el país: El plan asegura la estabilidad de la «dieta» cruda que necesita la Refinería de Puerto La Cruz para mantener al máximo la producción de gasolina y diésel para el mercado interno.
Eficiencia a partir del gas de quema
El convenio ataca también un problema histórico: el desperdicio de recursos por el venteo y quema de gas en los pozos del oriente. Las órdenes de compra firmadas con Shell incluyen la adquisición de repuestos de última tecnología para renovar el parque de compresión de la industria.

La meta es capturar ese gas, procesarlo y canalizarlo directamente a las plantas petroquímicas, las industrias básicas, el sistema termoeléctrico y las redes de gas doméstico. Al cubrir la demanda interna con este recurso rescatado, el país liberará mayores volúmenes para el negocio de la exportación. Con este despliegue, Venezuela apunta a captar capitales extranjeros bajo un esquema que prioriza la eficiencia y la sostenibilidad.
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