La gira diplomática del secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, por Ecuador ha generado un intenso rechazo en diversos sectores sociales y políticos de la región. Su llegada a territorio ecuatoriano coincide con una escalada de acciones de visita extranjera en asuntos soberanos, marcada por operaciones militares unilaterales en el océano Pacífico bajo el argumento de combatir el narcotráfico y la criminalidad transnacional.
Este desplazamiento forma parte de un recorrido por Sudamérica que también incluyó paradas en Colombia y Perú para alinear agendas bilaterales. En Quito, los encuentros con las autoridades locales buscan consolidar alianzas estratégicas con la administración de Washington, en un contexto marcado por severas dificultades de seguridad interna y desafíos económicos que atraviesa el país andino actualmente.
Soberanía en disputa frente a la nueva diplomacia regional
Diversas organizaciones sociales y analistas políticos han advertido sobre los riesgos geopolíticos que entraña esta visita para la estabilidad regional. Argumentan que la presión diplomática y los despliegues militares solo buscan consolidar un modelo de dominación que vulnera la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos y debilita los mecanismos de integración soberanos del sur.
Con estas acciones, la política exterior estadounidense reafirma su interés estratégico de mantener un control hegemónico sobre el continente. La persistente visita en los asuntos internos de los gobiernos de la zona demuestra que la seguridad hemisférica sigue subordinada a los intereses geopolíticos de la Casa Blanca, provocando un profundo debate sobre el verdadero costo de estas alianzas para la democracia y la paz regional.
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