El periodo estival del presente año ha dejado un balance trágico en materia de salud pública dentro del territorio español. La mortalidad por calor ha alcanzado su punto más alto desde que se implementó el sistema oficial de monitoreo continuo en 2015.

​Según las proyecciones más recientes, se atribuyen un total de 5.232 fallecimientos al impacto de las altas temperaturas estivales. Este indicador abarca el periodo transcurrido entre la segunda quincena de mayo y el cierre de agosto.

​La metodología actual utiliza modelos estadísticos avanzados para cruzar los datos de defunciones con los umbrales térmicos diarios. Este procedimiento permite cuantificar exactamente cómo repercute la mortalidad por calor en cada periodo veraniego evaluado.

​El impacto histórico de la mortalidad por calor en la población

​Los datos más recientes superan con claridad los registros de años previos que mantenían las cifras más elevadas hasta el momento. En el año 2022 se notificaron 4.789 víctimas, mientras que durante 2023 el número descendió hasta los 3.035 casos.

​El análisis detallado muestra que los efectos del clima extremo golpearon con mayor contundencia durante los meses centrales del verano. Los grupos demográficos de mayor edad y los sectores más vulnerables sufrieron de forma directa las consecuencias del fenómeno.

​Por otro lado, los organismos meteorológicos advierten sobre el incremento del riesgo de incendios en múltiples regiones peninsulares e insulares. Las proyecciones para los próximos días anticipan un ascenso continuo de las termómetros en gran parte del mapa nacional.

​La combinación de temperaturas extremas y terreno seco mantiene en alerta máxima a los servicios de protección civil y emergencias. Las autoridades insisten en reforzar las medidas preventivas para reducir la mortalidad por calor y evitar la propagación de conatos de fuego.

360/AP/DRR