​El secretario de Guerra de Estados Unidos, Peter Hegseth, informó que su país ha destinado una cifra colosal al enfrentamiento militar actual. Durante su comparecencia ante el Congreso, detalló que se han gastado aproximadamente 37.500 millones de dólares en la guerra iniciada en febrero junto a Israel contra la nación persa.

​El alto funcionario respondió de esta manera a los cuestionamientos directos del senador demócrata Richard Durbin. El legislador consultó de forma específica sobre el impacto financiero que la escalada de tensiones está generando en el presupuesto público estadounidense.

​Durbin también quiso indagar si la prolongación de las hostilidades exigirá partidas presupuestarias extraordinarias durante los próximos meses. Al respecto, Hegseth explicó que el monto global incluye gastos de operación, mantenimiento de maquinaria bélica y pago de salarios militares.

​No obstante, el titular de la cartera militar evitó detallar cuánto dinero adicional necesitará la administración para sostener la guerra a largo plazo. Tampoco ofreció estimaciones concretas sobre el tiempo estimado que durará el conflicto activo en la zona de Medio Oriente.

​La postura oficial y el futuro de la guerra

​Este reporte financiero trasciende en un momento de máxima tensión diplomática y militar entre ambas potencias globales. El presidente Donald Trump advirtió recientemente que Teherán sufrirá severas consecuencias si se registra una sola baja entre los soldados norteamericanos desplegados.

​En respuesta a las advertencias de la Casa Blanca, el mando militar iraní aseguró que la guerra se mantendrá vigente de manera indefinida. Voceros oficiales del ejército de Teherán señalaron que el combate continuará hasta alcanzar una disuasión total frente a sus adversarios.

​La situación regional se agravó drásticamente tras el colapso de un acuerdo de alto el fuego pactado inicialmente en el mes de abril. Washington rompió el entendimiento tras acusar a Irán de atacar embarcaciones comerciales que transitaban por el estrecho de Ormuz.

​Desde la ruptura diplomática, los ataques aéreos y el bloqueo naval impuesto por Estados Unidos se han intensificado notablemente. Mientras tanto, la guerra continúa su curso destructivo sin que se vislumbre una pronta solución pacífica entre las partes involucradas.

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