Cientos de representantes pertenecientes a colectivos campesinos, sectores originarios y comunidades garífunas protagonizaron una masiva jornada de interrupción vial en todo el territorio nacional. Los manifestantes salieron a las calles para manifestar su profundo rechazo frente a la creciente ola de despojo de tierras registrada durante el primer semestre de gestión oficial.

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La convocatoria fue impulsada por la Alianza Campesina, Indígena y Popular aprovechando la fecha conmemorativa del Día de Lempira. Los inconformes realizaron plantones simultáneos en zonas clave para el comercio y el transporte terrestre, exigiendo respuestas inmediatas ante la vulneración de sus garantías fundamentales y ancestrales.

​Los cortes de circulación vehicular se concentraron en puntos estratégicos como Quebrada Seca en Yoro, la vía CA-13 en Atlántida y el sector de Comayagua. También se registraron cierres totales en la salida meridional de la capital hondureña, además de protestas activas en los departamentos de Choluteca y Colón.

​Durante las concentraciones, los voceros populares externaron su profunda preocupación por las recientes actuaciones del Poder Legislativo. Acusan a los parlamentarios de estructurar un entramado normativo diseñado específicamente para criminalizar la defensa legítima de los recursos naturales y las propiedades comunitarias.

​Las consecuencias legales del despojo y la crisis institucional

​Entre las legislaciones más criticadas destaca el Decreto 84-2026, el cual amplía de manera discrecional los criterios para tipificar la asociación terrorista. A este instrumento se le suma el Decreto 107-2026, enfocado en blindar jurídicamente los predios destinados a la agroindustria, la ganadería y el desarrollo turístico privado.

​Las comunidades afectadas recalcan que estas normativas anulan cualquier posibilidad de aplicar reformas agrarias o procesos de expropiación por utilidad pública. Asimismo, recordaron que el polémico Decreto 93-2021 continúa vigente, perpetuando sanciones severas por usurpación sin que las autoridades actuales hayan mostrado voluntad política para derogarlo.

​Para finalizar, los sectores movilizados advirtieron sobre el deterioro sistemático de las instituciones protectoras de derechos humanos y ambientales en el país centroamericano. Denunciaron además la reincorporación al tribunal arbitral del CIADI y el riesgo latente de reactivar iniciativas económicas similares a las ZEDE.

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