El Registro Venezolano de Ciencia, Tecnología e Innovación (Recitven) ha marcado un hito sin precedentes en la historia académica y técnica del país al alcanzar la cifra de 70.986 investigadores inscritos. Este logro sitúa la densidad científica de la nación en 209 especialistas por cada 100.000 habitantes, un indicador que demuestra que, a pesar de las adversidades, Venezuela sigue fortaleciendo su base de conocimiento para impulsar el desarrollo nacional desde todas sus áreas productivas.
El perfil de esta comunidad científica destaca por una participación femenina excepcional que se convierte en un referente mundial. Según los datos del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti), el 54% de los profesionales registrados son mujeres que lideran proyectos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). Con una edad promedio de 43 años, este equipo humano no solo aporta madurez y experiencia en la resolución de problemas complejos, sino que también actúa como el puente necesario para formar a las nuevas generaciones que hoy brillan en olimpiadas internacionales de robótica y astronomía.
A diferencia del modelo científico tradicional centrado en teorías abstractas, el investigador venezolano ha desarrollado un perfil de «ciencia en resistencia», estrechamente vinculado a las necesidades reales del territorio. La mayoría de estos profesionales se concentran en el sector universitario y la administración pública, enfocando sus esfuerzos en áreas críticas como la producción agroalimentaria, la economía comunal y el sector farmacéutico. El objetivo central no es solo la publicación en revistas internacionales, sino el desarrollo de soluciones prácticas que impacten directamente en la soberanía y la calidad de vida de las comunidades.
Finalmente, el registro de más de 70.000 voluntades en el Recitven permite al país reconocerse y colaborar de manera más efectiva bajo un propósito común: ser útiles donde más se les necesita. Esta ciencia, que no teme salir de los laboratorios para atender los campos agrícolas o los proyectos locales, define el ADN del científico venezolano. Es una comunidad que ha decidido creer y servir desde su propia realidad, demostrando que el conocimiento más valioso es aquel que se aplica para resolver los problemas de su entorno inmediato.
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