A días de la canonización del Doctor José Gregorio Hernández y la madre Carmen Rendiles, el destacado escultor merideño Manuel Suescún comparte los detalles de su trabajo, que ya forma parte del patrimonio artístico nacional e internacional. Sus obras, inscritas en la tradición de los monumentos y esculturas figurativas, adornan espacios públicos y ahora inmortalizan a dos íconos de la fe venezolana.
Suescún explicó su proceso creativo: “Primero comenzamos con las estructuras. Cuando nos piden un monumento de determinado tamaño, sacamos los cánones: una figura humana tiene siete cabezas y media. La matemática no falla. Allí se empieza con la armazón, y en esta etapa participan mi sobrino Reni Gil, Jonathan Dávila y Joaquín Freitas, quienes ayudan con la proporción en cabillas. Luego se coloca la malla y se comienza a dar forma, con la ayuda de mi hijo Sebastián Suescún, Miguel Ángel, Cristian Hernández, entre otros. Después vengo yo con los acabados”.
El escultor describe la complejidad de las proporciones: “Cuando hablo de proporciones más o menos para darle la figura humana, les digo a mis hijos: hagan la cabeza, que es como una cabecita de mango. Al principio parece un mango, pero luego va tomando forma. Ellos deben dejarme esa base lista para intervenir y dar los detalles finales”.
Desde su galpón en Mérida, Suescún crea obras que quedarán inmortalizadas en la historia de Venezuela. Cada pieza refleja paciencia, técnica y pasión, uniendo generaciones de artistas en un trabajo colectivo que trasciende lo individual.
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