Cada 11 de septiembre, Venezuela se detiene para honrar a su patrona, la Virgen de Coromoto. Hoy, cuando se cumplen 374 años de su aparición y 74 de su coronación canónica, millones de fieles se congregan en Guanare y en todo el país para celebrar a la Bella Señora que, según la tradición, eligió estas tierras para manifestarse. La fecha no es casual: un 11 de septiembre de 1952, el papa Pío XII coronó canónicamente a la imagen, consolidando una devoción que atraviesa siglos y fronteras.
La historia se remonta a finales de 1651, cuando el cacique Coromoto, líder de la tribu de los Cospes, caminaba junto a su esposa por las inmediaciones del río Guanaguanare. Ante ellos apareció una mujer de extraordinaria belleza, con un niño en brazos, quien les habló en su propio idioma: «Vayan a casa de los blancos, para que les echen el agua en la cabeza y así poder ir al cielo». El cacique obedeció inicialmente y se estableció con los españoles para recibir la catequesis, pero pronto sintió que perdía su libertad y huyó de regreso a la selva. Fue entonces, en la madrugada del 8 de septiembre de 1652, cuando la Virgen se le apareció de nuevo, esta vez dentro de su propia choza, junto a su esposa, su cuñada Isabel y el hijo de esta.
Enfurecido, el cacique tomó su arco para atacar a la Señora, pero las armas cayeron de sus manos al sentir la dulzura de su presencia. Decidido a sacarla de la choza, la tomó por un brazo; en ese instante, la Virgen desapareció, dejando en su puño cerrado una pequeña estampa con su imagen. Al abrir la mano, Coromoto encontró una reliquia de apenas 2,5 centímetros de alto por 2 de ancho, con la Virgen y el Niño Jesús grabados con una precisión imposible para la época. Aquel objeto sagrado se convirtió en el testimonio tangible de un encuentro sobrenatural y en el inicio de una historia de fe que transformaría la espiritualidad venezolana.
Los hallazgos que asombraron a la ciencia: una imagen que desafía toda lógica
En 2009, con autorización de la Conferencia Episcopal Venezolana, un equipo de especialistas restauró la reliquia y descubrió datos que siguen generando asombro. La imagen mide 2,43 cm de alto y 1,94 de ancho, con un espesor de apenas 100 micrones —la décima parte de un milímetro—. Las líneas tienen el grosor de un cabello humano, un nivel de detalle que ningún pincel de hace 400 años podía lograr. Además, se identificó que la tinta no está adherida al papel, sino que «flota» sobre él, y en los ojos de la Virgen, de menos de un milímetro, se detectó una figura humana diminuta. Estos hallazgos, junto con la aparición de una gota de sangre humana en el rostro del Niño Jesús, llevaron a los expertos a catalogar la imagen como «milagrosa» y a compararla con la tilma de la Virgen de Guadalupe en México.
A lo largo de más de tres siglos, la Virgen de Coromoto ha sido invocada en momentos de enfermedad, crisis familiar y peligro. La documentación del proceso de aparición recoge la fama de milagros atribuidos a su intercesión desde el siglo XVIII, y en 1942 el Episcopado Venezolano la proclamó oficialmente Patrona de la República, ratificando el título el papa Pío XII en 1944. Su fiesta, sin embargo, se celebra el 11 de septiembre en honor a su coronación canónica, y no el 8 de septiembre, fecha de la última aparición, que coincide con la Natividad de la Virgen María. Es también patrona de la familia, pues fue ante una familia indígena —el cacique, su esposa y sus allegados— donde se manifestó, un hecho único entre las advocaciones marianas del mundo.
El Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto, ubicado a 25 kilómetros de Guanare, fue inaugurado en 1996 por san Juan Pablo II y se erige exactamente en el lugar de la segunda aparición. Con 75 metros de altura, es uno de los templos más imponentes de Venezuela y el epicentro de las peregrinaciones que cada año reúnen a más de 100.000 fieles. Este 2026, la celebración adquiere un carácter especial con el inicio del Año Jubilar Coromotano, un acontecimiento que la Iglesia católica celebra cada 25 años y que incluyó la apertura de la Puerta Santa el pasado 8 de septiembre. Mientras Venezuela atraviesa tiempos complejos, la imagen diminuta que un cacique sostuvo en su mano hace casi cuatro siglos sigue siendo un símbolo de esperanza, unidad y fe inquebrantable para todo un país.
Lea también: Siete de cada diez venezolanos no confía en las intenciones de Trump
360/LT/DRR



