Las autoridades de rescate enfrentan un escenario crítico en el sector este indonesio. Por lo tanto, la población permanece en alerta máxima por la constante actividad tectónica. En este contexto, un fuerte sacudón de magnitud 5.7 volvió a estremecer a la comunidad local. El fenómeno no requirió activar alertas por tsunami en las costas. Sin embargo, la tensión psicológica entre los sobrevivientes aumentó de manera considerable.

​Por otra parte, esta nueva emergencia ocurre apenas cuarenta y ocho horas después del desastre principal. Aquel cataclismo inicial alcanzó los 7.7 grados y devastó pueblos enteros. En consecuencia, la tragedia deja ya más de cincuenta muertos y más de cien heridos. Además, cinco mil habitantes perdieron sus hogares y permanecen alojados en campamentos improvisados. Actualmente, los socorristas remueven escombros contra el reloj para localizar a más sobrevivientes.

​Emergencia sísmica y evaluación del impacto en la región

​Según los expertos internacionales del USGS, la profundidad del fenómeno se fijó en casi 36 kilómetros. Asimismo, el epicentro del movimiento se ubicó muy cerca de la ciudad de Ende. Por esta razón, la potente sacudida sorprendió a los vecinos a primera hora de la mañana. Debido a esto, decenas de familias corrieron hacia campos abiertos buscando protección ante posibles derrumbes. Como resultado, el miedo a nuevos colapsos mantiene desiertas las principales vías urbanas.

​El constante sacudón subterráneo obliga a decretar el estado de excepción

​Efectivamente, la tierra no ha dejado de temblar desde la primera gran tragedia. Los sismólogos contabilizan alrededor de mil réplicas posteriores al evento principal. De hecho, al menos cuatro decenas de estos movimientos fueron sentidos claramente por la población. Además, la infraestructura vial presenta grietas profundas que dificultan el paso de las ambulancias. Por consiguiente, la población rural permanece aislada y con acceso limitado a servicios básicos.

​Para hacer frente al severo sacudón institucional, las autoridades aprobaron medidas extremas. Por esta razón, el poder ejecutivo regional declaró oficialmente la emergencia durante catorce días continuos. Este marco legal permitirá canalizar fondos de auxilio de manera directa y expedita. En consecuencia, la prioridad absoluta consiste en enviar medicinas y víveres a las áreas afectadas. Adicionalmente, ministros del gobierno central supervisarán las tareas de apoyo en el terreno.

​Por su parte, el ejército y diversos grupos de voluntarios lideran el despliegue de ayuda humanitaria. Sin embargo, las carpas de atención médica trabajan al límite de su capacidad operativa actual. Ciertamente, cada nuevo sacudón ralentiza la distribución de insumos y aumenta el pánico colectivo. Ante esta situación, la comunidad internacional alista cargamentos con ayuda para mitigar el sufrimiento de las víctimas. Finalmente, la reconstrucción de la provincia requerirá meses de esfuerzo coordinado e inversiones millonarias.

360/AP/DRR