El vertiginoso ascenso en la captura de tahalí, un pez con bajo perfil en la mesa venezolana pero de alto valor en el mercado de China, mantiene en alerta a las autoridades ambientales del país. A pesar de que el sector pesquero y acuícola general registró una robusta expansión del 15 % entre enero y abril, el Ministerio de Pesca y Acuicultura ha puesto el foco en la necesidad urgente de blindar el recurso frente a los riesgos de la sobreexplotación.
A través de un balance sectorial, el ministro Juan Carlos Loyo informó que la captura de esta especie se disparó un 180 % en el primer cuatrimestre del año. El fenómeno comercial se concentra casi en su totalidad en el estado Miranda, entidad que acumula el 89 % de la producción nacional y donde más de 150 pescadores artesanales se dedican exclusivamente a su faena, según cifras de la Dirección de Pesca liderada por Enyel Martín.
La paradoja del mercado asiático
El tahalí representa una rareza comercial: debido a su fisionomía altamente espinosa, el consumidor local lo rechaza, lo que deja el camino libre para que casi la totalidad de la producción se destine a la exportación hacia el gigante asiático.
Sin embargo, las autoridades advierten que el éxito en los mercados internacionales no debe transformarse en una condena biológica. El jefe de la cartera pesquera instó a la comunidad costera a respetar estrictamente los ciclos reproductivos de la fauna marina.
«Si nosotros no vigilamos eso, va a pasar como en otros países donde han colapsado su pesquería», advirtió Loyo. El funcionario ejemplificó la amenaza citando el caso de Marruecos, potencia que recientemente debió clausurar toda exportación internacional de sardinas tras el colapso crítico de sus reservas debido a una mala gestión ambiental.
La meta del despacho de pesca es clara: demostrar que Venezuela puede mantener el ritmo exportador hacia Asia sin repetir los errores de las potencias pesqueras globales, protegiendo el sustento de las próximas generaciones.
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