Cada 31 de octubre, el mundo se disfraza. Las calabazas se encienden, los niños gritan «dulce o truco» y las casas se llenan de fantasmas de plástico. Pero lo que hoy es una fiesta comercial global nació hace más de 2.000 años en las frías tierras de los celtas, mucho antes de que existiera Estados Unidos o Hollywood.

Los celtas, que habitaban lo que hoy es Irlanda, Reino Unido y el norte de Francia, celebraban Samhain, una festividad que marcaba el fin de la cosecha y el inicio del invierno . Creían que en la noche del 31 de octubre la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se debilitaba, y que los espíritus podían cruzar. Para protegerse, encendían hogueras y usaban máscaras horribles para confundir a las almas errantes. Con la llegada del cristianismo, la fiesta pagana se fusionó con la víspera del Día de Todos los Santos —»All Hallows’ Eve», de donde viene la palabra Halloween— y la Iglesia terminó por absorberla.

La tradición cruzó el Atlántico en el siglo XIX de la mano de los inmigrantes irlandeses y escoceses. En Estados Unidos, la fiesta se reinventó: se mezcló con costumbres locales, se añadió el «trick or treat» y la calabaza tallada —que originalmente era un nabo en Irlanda— se convirtió en el símbolo de la noche. El cine y la televisión hicieron el resto: películas como E.T. en 1982 mostraron al mundo el ritual del «dulce o truco», y desde entonces la expansión fue imparable.

Cómo se celebra en el mundo

En Estados Unidos y Canadá, Halloween es una fiesta masiva: casas decoradas, niños disfrazados recorriendo vecindarios y adultos en fiestas temáticas. En Irlanda y Escocia, donde nació la tradición, todavía se encienden hogueras y se juegan juegos antiguos. En México, Halloween coexiste —y a veces compite— con el Día de Muertos, una celebración de origen prehispánico que la UNESCO declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008. Los altares con flores de cempasúchil, calaveras de azúcar y pan de muerto son el centro de una festividad que honra a los difuntos los días 1 y 2 de noviembre. En España, Halloween gana terreno entre los niños, pero convive con el Día de Todos los Santos y sus dulces típicos: buñuelos de viento, castañas y panellets.

No todos la reciben con los brazos abiertos. En Honduras, varias municipalidades prohibieron los festejos por considerarlos «diabólicos» y contrarios a los valores cristianos. En Rusia, el Ministerio de Educación pidió a las escuelas que no celebraran Halloween por considerarlo «no tradicional». Y en Arabia Saudita o Irán, la festividad está directamente restringida por motivos religiosos.

Venezuela: una fiesta adoptada sin culpa

En Venezuela, Halloween no forma parte de la tradición autóctona. Pero eso nunca ha sido obstáculo. La celebración llegó progresivamente desde comienzos de la década de 1990, impulsada por el cine de Hollywood y la televisión por cable: Cartoon Network, Nickelodeon y Disney Channel emitían episodios especiales que introdujeron el «dulce o truco» en el imaginario infantil y juvenil. En ciudades como Caracas, Maracaibo, Valencia y Barquisimeto, la fecha se convirtió en una oportunidad comercial y de esparcimiento: venta de disfraces, fiestas en bares y discotecas y decoraciones en hogares .

Lo curioso es que, en Venezuela, Halloween no desplazó del todo a las tradiciones locales, sino que se sumó a ellas. La Noche de Brujas se celebra sobre todo entre jóvenes y adolescentes, como una excusa para reunirse, disfrazarse y salir de fiesta. Los niños participan en menor medida en el «dulce o truco» puerta a puerta, una práctica que no terminó de arraigarse como en Estados Unidos. Y aunque el 1 y 2 de noviembre siguen teniendo connotaciones religiosas para muchas familias, el 31 de octubre se ha convertido en una fecha lúdica, casi carnavalesca.

Hubo, sin embargo, quienes intentaron frenarla. En 2005, el entonces presidente Hugo Chávez urgió a los venezolanos a no celebrar Halloween, señalando que no era una costumbre autóctona sino copiada de Estados Unidos. Sin embargo, dos décadas después, Halloween sigue creciendo en Venezuela, adaptado a la idiosincrasia local: más fiesta que terror, más disfraz que ritual.

Halloween ya no pertenece a los celtas ni a los irlandeses ni a los estadounidenses. Es un fenómeno global que se adapta a cada cultura: en México se mezcla con el Día de Muertos, en España convive con los buñuelos, en Venezuela se convierte en una excusa para la guachafita. Lo que comenzó como un ritual para ahuyentar espíritus terminó siendo una noche para espantar la rutina. Y en un país como Venezuela, donde las tradiciones se mezclan y se reinventan constantemente, Halloween encontró su lugar: no como herencia, sino como permiso para disfrazarse.

360/LT/DRR

Longina Tovar Publicado: 31/10/2026, 1:07 PM
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