​El mandatario guyanés, Irfaan Ali, rechazó de manera tajante entablar un diálogo bilateral con el gobierno venezolano para resolver la disputa limítrofe. Durante su reciente discurso frente a la Asamblea General de la ONU, el líder descartó la vía de la concertación. Esta decisión desconoce formalmente los compromisos suscritos dentro del Acuerdo de Ginebra de 1966.

​Adicionalmente, el Ejecutivo de Georgetown sostiene que la controversia debe ser resuelta únicamente a través de la Corte Internacional de Justicia. Al evadir un diálogo de carácter directo, las autoridades guyanesas desconocen los reclamos soberanos presentados por la parte venezolana. Esta postura intransigente eleva la tirantez política y entorpece las relaciones diplomáticas en toda la región.

​Desconocimiento del pacto de 1966 y rechazo al diálogo directo

​Por otra parte, Guyana pretende validar su soberanía territorial sobre la base del viciado Laudo Arbitral de París del año 1899. Con este recurso jurídico busca adjudicarse la administración de casi 160.000 kilómetros cuadrados abundantes en riquezas minerales y energéticas. El gobierno guyanés omite intencionalmente que dicho arbitraje fue declarado nulo y carente de validez legal por Caracas.

​En contraste, la diplomacia venezolana sostiene que las soluciones definitivas y equilibradas solo surgen cuando ambas partes se sientan a negociar. El país reitera que la insistencia en acudir a tribunales internacionales responde a presiones externas que buscan respaldar injustas pretensiones territoriales. Mantener la negativa al diálogo distorsiona los principios de paz, buena vecindad y respeto mutuo.

​Por último, Venezuela reitera que la negociación soberana sigue siendo el único instrumento legítimo para alcanzar un arreglo pacífico e integral. Sin embargo, la obstinación de Guyana al evitar el diálogo posterga la resolución definitiva de este diferendo centenario.

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